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El Burro que no patea, no es buen burro.
José D Batista En días pasado durante la transmisión vía Internet de las peleas de gallos, escuché al amigo Candido Martínez, hablar de los burros en las jugadas de gallo, entiéndase por burro a un muchacho que se presenta en las vallas del país, en busca de un ricachon que les de la oportunidad de hacer sus apuestas, casi siempre con el propósito de que nadie se de cuenta cual es el verdadero dueño de unos de los gallos que entra al redondel. Pero resulta que el amigo Candido Martínez, no recuerda que quienes utilizaron los burros por primera vez en el país, fueron los actuales socios del coliseo gallistico Santo Domingo, ellos por razones que he mencionado anteriormente, eran machos donde quiera que iban ( favoritos) y no encontraban con quien jugar el dinero que querían jugar a su gallo. Recuerdo que en la famosa jugado de los lunes en el Torito, fue donde por primera vez, vi a un burro hacer su aparición, recuerdo que fue en una pelea de un gallo de Lepido Contreras en contra de una gallo de Luís Ramírez, dos galleros de origen Cubano que hacían galas de presentar sus mejores ejemplares en esa valla. Después de varios años de práctica ininterrumpida los burros se han convertido en parte importantes en las galleras del país, muchos de los que comenzaron como burro hoy en día son grandes tercios disfrutando de un capital que le permite hacer sus propias apuestas y contar con un nombre respetables dentro de las jugadas de la capital y el interior del país. Pero si analizamos bien el burro juega un papel importantes en las jugadas del país, debemos reconocer que en a actualidad existen unos pioneros del deporte de caballero que por su edad no pueden moverse con mucha facilidad en la valla y sabemos que cuando se quiere jugar a un gallo en la mayoría de los casos hay que recorrer toda la valla, y si el gallo nuestro se presenta como favorito, el burro pasa a ser la persona más indicada para que haga nuestra jugada. En el torneo de apertura de la presente temporada, vimos a uno de los conductores del programa radial que se transmite desde el Coliseo para los galleros de la región del cibao y la capital, soltar el micrófono y salir corriendo a hacer su jugada a unos de los gallos del administrador del coliseo el señor Nelson Hernández, y de seguro que alguien le sugirió que le jugara un par de quinientos de pesos, lo que lo convirtió en un burro natural. En los años 70 existía el burro ocasional, el burro ocasional era aquel que se acercaba a los dueños de los gallos en busca de que se le permitiera entrar a la valla cuado uno de sus gallos entraba a la valla, cosa que aprovechaba para hacer una que otra jugada. Cuando eso sucedía se dirigía donde el dueño del gallo y le decía ¡yo di mil a ochocientos, usted lo va don!, casi siempre la repuesta era ¡si mira a ver me da dos más!. En 1983, el ex campeón mundial de boxeo dominicano, Leo Cruz, quien regresó a descansar en Santo domingo después de haber defendido su titulo del peso pluma de la Asociación Mundial de Boxeo (WBA) frente al Sur Coreano, Soon-Hyun Cheng, comenzó a jugar gallo en las galleras de la capital dominicana, teniendo que solicitar los servicio de los Burros ya que aunque logro conseguir muy buenos ejemplares no conocía el sistema de apuesta que se estaba utilizando para ese entonces.
Leo Cruz aunque provenía de una familia de gallero ya que su traberos era su propio hermano quien además era su entrenador en el ring, no se acomodaba a la idea de tener que dar brinco en el ring sin su famoso guante de pelea, por que tenia que recurrir a los burros para poder jugar a sus gallos. En parte estamos de acuerdo con nuestro amigo Candido Martínez, sobre los burros en las vallas ya que ellos, no deben parar una pelea y mucho menos en la valla del Coliseo Gallistico Don Alberto Bonetti Burgos, ni en ninguna gallera del país. Pedimos excusas si alguno de nuestros lectores, si algunos de ellos a tenido que convertirse en un burro ocasional para complacer a un amigo que por cualquier razón no puede entrar al redondel a hacer sus apuestas. Pero debemos recordar una frase que hizo famosa el profesor, en las galleras de la parte orienta de la capital (Santo Domingo Este), el burro que no patea no es buen burro.
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