El deporte de los gallos en Puerto Rico

El deporte de los gallos en Puerto Rico data de la dominación española. Los primeros gallos llegaron a nuestro país en el siglo XVII. De España los gallos llegaron a sus colonias, entre ellas: Puerto Rico, Cuba y Santo Domingo.
En Cuba se desarrollo mediante la dedicación y cruce sistemático y científico el mejor gallo de pelea del mundo. Luego de la legalización del deporte en el año 1933 comenzaron a mejorarse nuestras crías que originalmente provenían de Manila traídos por algunos vendedores de España. Esto primeros gallos se originaron de los ingleses o del gallo Belga de Brujas.
La legalización del deporte trajo la importación de gallos españoles y cubanos de la mejor estirpe. Los grandes castadores de antaño como Pedro Alberto Pérez y José "Pepin" Feijoo viajaban constantemente a España y a Cuba buscando las mejores líneas del gallo piquero para mejorar nuestras crías. El gallo de pelea puertorriqueño es un gallo descendiente del gallo Bankiva: como norma general su peso no excede las cuatro libras.
Con el tiempo, la importación de los gallos españoles y cubanos ceso tomando forma a base de un constante plan de mejoramiento y entrecruce un gallo con perfiles propios, rápido de boca, espueloso valiente hasta el fin; un gallo que no da ni pide tregua. Tiene una buena entrada y mucho fondo. Cuando caen atrás y la pelea esta dispar son mas vengativos y buscan ventaja para definir la pelea. No se acomodan en la pelea como los orientales sino que buscan vencer o morir de frente como lo hacen los valientes.
Esto me recuerda un comentario que me hizo un amigo sobre que nuestros gallos son tontos porque no se acomodan con diferente juego como el oriental. Como latinos, nuestros gallos exhiben las características de nuestro temperamento: peleamos de frente y sin miedo. No le corremos al enemigo sino que lo enfrentamos con valor. Nuestros gallos parecen repetir al salir al redondel la famosa frase: Quien dijo miedo muchachos, si para morir nacimos! El oriental no es del gusto del puertorriqueño, pues aquí el que corre o se mete debajo del contrario va para el caldero de seguro. Por esta razón, es risible la descripción que se hace en algunos libros de que nuestros gallos tienen en su origen sangre oriental.
Por el estilo de pelea que nos gusta, el oriental no es favorecido en nuestras galleras aunque hay que reconocer que en los últimos años se han introducido a nuestras canchas por los hermanos cubanos los gallos Shamos. Algunos se aventuran a castar estos gallos, pero ya va surgiendo la decepción con los cruces. No es fácil castar y fijar características para nuestro tipo de pelea con los orientales. Los experimentos con Asiles se hicieron hace muchos años, pero a la que le den en un ojo y se para arriba un gallo, la presión de grupo prácticamente obliga al castador a eliminar estos cruces. Cuando le dan en un ojo a un gallo de los nuestros se espera que abra la boca y busque al contrario como si fuera un radar. Estos gallos regresan de la tumba como Lázaro para acudir a su cita con la vida o con la muerte. La falta de cría no se tolera en nuestros gallos de combate, por eso se utilizan en otros países como pie de cría. No hay un gallo piquero en el mundo mejor que el puertorriqueño.
La exportación de nuestras crías a Santo Domingo, Venezuela, Colombia, Perú y Panamá entre otros países, ha mejorado la crianza en estos lugares. Donde mas se ha exportado gallos es a Santo Domingo donde se han pagado precios astronómicos por nuestros padrotes. El Mujeriego de Chuito Vela fue vendido en trece mil dólares americanos a un castador dominicano. Por el Taliban de Josean Llavona se ofrecieron veinte mil dólares ($20,000.00). Las gallinas y los gallos de Llavona han sustituido las crías de muchos castadores. Los hermanos dominicanos consiguieron en Puerto Rico lo que en otras épocas buscábamos nosotros en Cuba: el mejor y mas fino gallo de pelea.
A mi juicio, los gallos mas finos de este país son los de Josean Llavona conocidos como "Los Llavona". Le siguen los de Danny Juan, Chuito Vela y Roberto Aponte. Hay otros llamados por algunos "castadores de Internet" los cuales solo se conocen en el exterior. Nadie que conozcamos ha visto pelear un gallo de estos castadores en nuestros redondeles. El gallo puertorriqueño que tuvo como su base de desarrollo los gallos cubanos y españoles exhiben sus características de gallo fino de excelencia en cualquier ruedo con sus armas de combate que son las espuelas postizas o las espuelas plásticas. Es absurda la comparación que hace un escritor menospreciando su combatividad frente a un gallo oriental. Vamos hombre, el único que venció a Goliat fue David, pero tuvo la ayuda de Dios. No podemos comparar los pies con la cabeza. Los gallos orientales para su tipo de pelea con las patas forradas son los mejores, pero para nuestras armas de combate los nuestros son inigualables.
Exhorto a los que escriben sobre este deporte, que antes de expresar conclusiones sobre nuestros gallos, se ilustren. En un libro que leí dicen que nuestros gallos vienen de cruce con gallos americanos y de los gallos cubanos de los castadores que salieron de Cuba a Miami cuando asumió el poder Fidel Castro. Este dato es totalmente falso, pues desde el 1933 y hasta que Castro asumió el poder en el 1959, se traían gallos cubanos de Carvajal, Barón Gómez, Gustavo Sánchez, Pedro Suárez, Bringer, Mendieta y Esteban Lean, entre otros. Los Cuatro Telas, Los Campanarios y Los Chocolate son líneas cubanas que aun conservamos. También se viajaba a España a traer lo mejor de lo mejor: gallos de La Flor, Conde Andrades, Pedro Domeck, Laine y otros. Se visitaban las ferias de España de donde se trajo nuestro gallino negro bautizado como El Mejor Gallo de las Americas. En 1946 mi padre y su socio pagaron en España mil dólares americanos ($1,000.00) por este gallo que dio base a la famosa línea de gallos negros de Pepin Feijoo.
Salvo el libro El Gallo Español de Combate del Doctor Edsel J. Bixler, todos los otros libros que he leído contienen datos falsos sobre el deporte en nuestro país. Algunos dicen que nuestros gallos son un cóctel de razas, cruce de orientales con americanos, otro que son cruces de gallos americanos con tampeños. El colmo de los colmos es el de un escritor que los tildo ofensivamente como "pajarracos", porque según el, no resisten la embestida de un gallo oriental. Ya lo dijo Shakespeare: "No hay peor tiniebla que la ignorancia". El que quiera escribir sobre nuestros gallos, consiga información veraz de fuentes fidedignas como lo hizo el Doctor Bixler, el cual obtuvo sus datos del historiador y amigo Licenciado Severo Torruellas, una leyenda en nuestro deporte. Cuando los deportistas mexicanos, Señor Francisco López Galindo y el Doctor Edsel J. Bixler visitaron a Puerto Rico durante el primer congreso de la Asociación del Deporte de Gallos de Puerto Rico en 1989, el señor López Galindo describió la jugada de gallos nuestra de la forma siguiente: "El siguiente día fue organizada una jugada de gallos en honor a las personas que fuimos invitadas al Congreso; se jugaron diecisiete (17) peleas. Que gallos y pollos tan finos hubo!; se armaron de espuelas de una y media que varia entre treinta y cuatro (34) y cuarenta y tres (43) centímetros. Que heridores y que boca de gallos!, por lo poco que vimos creo que les gustan las crías serias en la pelea, el gallo que al recibir regresa a pegar y desechan el gallo que saca juego, que víbora y eso es porque necesitan ganar en un tiempo no mayor de veinte (20) minutos, ya que de lo contrario seria tabla la pelea".
Creo que esta descripción de un espectador objetivo confirma lo que hemos expresado anteriormente sobre nuestro guerrero emplumado. Cuando se llevo a cabo esta visita en el año 1989 las peleas eran a veinte (20) minutos, ahora son a (14) minutos, por lo que se requiere un gallo mas rápido y heridor para evitar las tablas. Por eso no nos gusta, como dice el señor López Galindo, el gallo que saca juego, orden de pelea característico del gallo oriental. En nuestros palenques se gana o se pierde de frente al toma y dame sin dar tregua ni pedirla.
Lcdo. José Feijoó, Puerto Rico.
|