Dicen que los gallos se llevan en la sangre PDF Imprimir E-mail
Escrito por freisy   
Viernes, 09 de Enero de 2009 17:07

Dicen que los gallos se llevan en la sangre, que son parte de nuestra tradición, historia e identidad. El fin de semana último se llevó a cabo un campeonato internacional de gallos con participantes de once países y 24 ciudades del Perú que midieron fuerzas en un espectáculo que, como los toros, entraña un particular sentido de violento –y acaso hermoso– dramatismo.

 





Primer tercio

El que gana vive, el que pierde muere. Este refrán al reverso de un dvd pirata me recordará que sí, es noche de gallos aunque no parezca. Nos estacionamos cerca al cruce de la Universitaria con Enrique Meiggs junto a los rieles de un tren que no pasará esta noche. "Antes iba casi toda la semana a ver gallos", comenta Mario, "pero mi señora empezó a imponer su ley". Qué se hace, así son las cosas, bromeamos mientras le explico que no escribiré ni a favor ni en contra de los gallos, que esta noche de martes ni siquiera sé bien qué es lo que busco y que, en todo caso, él será el primero en enterarse cuando yo lo sepa.

Mario Gonzales es gallero de siempre. Como cosa de juego le pregunto cuántos gallos tiene en el galpón que su padre, su hermano y él mantienen en Huachipa y me contesta, tras un diálogo veloz con su memoria, que "contando gallos, padrillos, madrillas, pollos y pollas… unos 400 animales". ¿Eso es bueno o malo? "El mejor momento es cuando tienes pocos. Se puede seleccionar mejor. Si tienes solo 10 gallos para pelear, los topas (les colocas protectores) y simulas combates. Así ves los de mejor aptitud al pleito, cuál es más pateador y todo lo demás. Por ahí te sale un inganable, un gallito que juega aquí y allá y difícil que pierda. Eso es lo ideal".

El Coliseo Ricardo Bentín es solo uno del centenar de coliseos que se estima alberga Lima para una afición sentida, devota y sobre todo, conocedora. No tiene letrero ni anuncios. Se ingresa por un portón de fierro y poco antes de las mesas donde se venden artículos galleros (topes, espuelas, ceras, vendas, antibióticos, los dvd con peleas para el recuerdo y títulos de cine mexicano antiguo como "El gallo de oro" o "Dos gallos para dos gallinas"), se sienten carcajadas mientras se afilan espuelas y asoman apuestas.

A eso de las nueve y media comienza el pesaje. En libras y onzas, no en kilos, Jorge Fong repite el oficio que aprendió hace 18 años, ser juez de gallos. Casi siempre de pico "porque lo de navaja es más violento". Esta noche cada gallero jugará entre dos y cuatro gallos. Entretanto los colocan en el suelo junto a los rivales posibles. Comparan portes porque en una pelea se puede perderlo todo. Cuando se hace la primera llamada, es hora de acudir al ruedo.

Segundo tercio

El que gana puede perder, el que pierde puede ganar. Discutir sobre la naturaleza hostil del gallo de pelea no contribuiría a ceder un ápice de quienes apoyan o condenan el espectáculo. La historia, sin embargo, abunda en testimonios del estrecho vínculo entre el hombre y las primeras variedades de este animal, cuyo primer encuentro pudo haber ocurrido hace 7,000 años. Dos mil años más tarde se registraban las primeras peleas por diversión. "Para que se registren estas peleas hace 5,000 años", escribe Ricardo Pedraglio en su libro Tratado sobre el gallo de combate, "quiere decir que las tribus humanas ya se habían establecido y que consigo traían a los primeros gallos de combate, quienes tenían años de selección como tales".

Pedraglio es limeño, biólogo, dueño de su primer gallo a los cinco años y de su primer criadero a los diez. Ha recibido las llaves de la ciudad germana de Colonia por su labor gallística. Es vicepresidente de la Sociedad Mundial de Protección del Gallo de Combate. En internet los antigalleros, que lo odian a él y a todo el resto que se le parezca, descargan su furia con mensajes tipo: "El trabajo del criador de gallos es el de un asesino" ( Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla ), "No puedo creer que aún haya países donde esté permitido esta clase de diversión morbosa y sádica" ( Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla ) o "¡Sois basura! Galleros, toreros y demás gentuza descerebrada" ( Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla ). Pedraglio rescata un hecho por respuesta. "Si pones un gallo de pelea delante de un plato de leche, una gallina y otro gallo, el gallo se va de frente contra el otro gallo. Está en su naturaleza. Como el toro de lidia, el gallo de pelea está hecho para el combate". De igual manera, varios galleros conocidos en el medio local optan por la paciencia y las buenas respuestas ante los ataques. Otros, menos pacientes, simplemente califican a los opositores de ignorantes.

Tercer tercio

El que pierde con pico puede vivir, el que pierde con navaja muere. El V Gran Campeonato Iberoamericano de Gallos de Pico y Espuela tiene once países en competencia, entre ellos España, EEUU, Puerto Rico y Perú. Don Luis Antonio Hudtwalcker, organizador principal, nos rescata de la ruda seguridad del Coliseo El Rosedal de Surco. Un restaurante precede al ruedo. La carta: pollo a la brasa. El gallo que muere en combate se come, pero no a la brasa sino que se le remoja en agua con sal para ablandar la carne y se le convierte en chicharrón. Para caldos, nada como una gallina bien vieja y vivida.

El pico o la navaja definen la tragedia de un combate. Los gallos de navaja, más altos y robustos, pelean por su vida en encuentros que pueden durar pocos minutos, con sables metálicos de entre 7 y 8 centímetros en las patas izquierdas. Un gallo resuelto y corajudo puede volarle la cabeza a su oponente o al menos herirlo de forma mortal en segundos. En pico el espectáculo es más extenso pues las espuelas son más cortas, de carey o vértebra de pez sierra, aunque se han vuelto comunes las sintéticas. Por una incógnita que solo conoce muchas teorías y pocas respuestas, las espuelas y navajas peruanas están entre las más grandes del mundo.

La belleza pura de la pelea de gallos se aprecia durante el primer tercio del combate, cuando entre aletazos, ajisecos, blancos, carmelos o negros (no hay nombres entre los contendores, solo colores de plumaje), miden fuerzas tirando "a pico lleno", "al buche" o "apaleando como un paco".

Los inganables son gallos rápidos, pegan al cuerpo, hieren mucho y buscan venganza ante la ofensa. Así, entre ataque, defensa y vuelta a la carga, poco a poco llega al segundo tercio, cuando se acude al inevitable drama de comprobar que efectivamente, hay un gallo que puede que pierda la vida y otro que le sobreviva quién sabe por cuánto tiempo.

De la docena de peleas que presencié para escribir esto, recuerdo el momento que un ajiseco encimó a un pobre blanco, sangrante y agotado, al quinto minuto en el Coliseo Bentín. Voraz, el ajiseco arrancaba pedazos de carne de la nuca del blanco que se arrastraba por las paredes aleteando desesperado, quizá buscando alguna manera de hacerle entender a la masa humana alrededor que basta, que ya perdí, me rindo, detengan tanto castigo, amigos, dueño; quien sea, por favor. Y la ayuda nunca llegó, los que llegaron fueron el último tercio –en que se decide el vencedor– y los picotazos asesinos del carmelo, que ya tenía al blanco bajo sus patas, pico en tierra, queriendo gritar sin poder hacerlo. Una ráfaga más y el ojo izquierdo se fue en el pico del carmelo. No pude ver más. Solo reprimí mi expresión de tristeza y asco para que los demás no sospechen de mí y me digan fuera ignorante, ya te vimos que eres antigallero.

 

Epílogo

"Los gallos son una afición para machos. Para hombres machos machísimos". La turbadora morena que me dice esto no genera más que un par de silbidos entre los asistentes a El Rosedal. La atención entera está en el ruedo. María Isabel Encarnación dirige la revista d’Gallos en República Dominicana. De los casi quinientos asistentes, cuento cinco enamoradas, novias o esposas aburridas, algunas compañeras despistadas y dos o tres entusiastas cerveza en mano. Contando a Encarnación, las vendedoras y mi fotógrafa, las mujeres en todo el coliseo no llegan a quince.

Encarnación se despide asegurando que en su país la afición por los gallos supera a la del fútbol. Es probable. Los gallos centroamericanos tienen reputación de gran casta y aptitud para el combate, llegando a cotizarse entre 700 y 800 dólares cada uno para la venta. César Ulloa, presidente del Club Gallístico del Perú le aseguró a Roberto Ochoa, periodista de este diario, que en Puerto Rico se mueven 160 millones de dólares anuales en este negocio. Los datos vuelven a mí al día siguiente cuando un tipo que solo se presenta como Guillermo nos increpa por las fotos que hacemos, segurísimo que se las daremos a los defensores de animales.

–Nos gustaría que tomen fotos en los galpones a los gallos, a los pollos, para que vean con qué dedicación y sacrificio se les cuida. No entienden que la gran satisfacción de un gallero es ver a su gallo pelear. Nosotros no nos metemos con nadie. Déjennos tranquilos en nuestro mundo, con nuestros sueños, y todos tranquilos.

Tiene razón, Guillermo. Dejemos las réplicas a otros. Hasta pronto y dulces sueños.
 

Patas de gallos

Con un archivo enorme de resoluciones y documentos bajo el brazo, William Soberón (34) tiene casi una década como la cara más visible (e invisible) de la oposición antitaurina y antigallística. Como líder del Frente Antitaurino en Defensa de la Vida, Soberón (alias "Josué Pineda" en el ciberespacio), algo ya ha logrado. En abril de este año, el TC le retiró a los toros la categoría de "espectáculo cultural", y una encuesta de la U. de Lima reveló que 87.1% de limeños rechaza ambas aficiones. "Se habla de herencia y tradición. Nosotros decimos que se han perpetuado costumbres espantosas y violentas que lindan con la huachafería". Soberón no necesita plumas para picotear y dar cornazos.

 

Fuente: larepublica.com.pe



Última actualización el Lunes, 19 de Julio de 2010 17:58