¿Las peleas de gallos son patrimonio cultural de Bogotá? PDF Imprimir E-mail
Escrito por freisy   
Miércoles, 21 de Abril de 2010 11:19

Según los criadores de gallos, el truco para tener un animal de combate es seleccionar muy bien el gallo y la gallina .-

Un antropólogo se involucró durante cuatro meses en el mundo de tres galleras para conocer la actividad y abrir el debate de si es expresión cultural de la ciudad.

El reloj marca 12 minutos. Suena y comienza la cuenta regresiva. En 'el circo', un gallo marañón y uno cenizo se enfrentan a muerte. Cada 'cabeza' tiene precio: $500 mil.

En un costado, yacen tres relojes de arena a la espera de definir la contienda. Cuando alguno de los dos caiga, estos comenzarán a contar el tiempo y, si transcurrido un minuto el animal no se levanta, será el perdedor de la jornada.

Dos condiciones para convertirse en gallo de pelea: ser de raza fina y haber sido bien levantado. La mayoría de los gallos proviene de Pacho, Yacopí, Silvania y Fusagasugá. Algunos llegan a las 20 ó 25 contiendas. Otros sólo resisten una. Regla de oro: ambos contendores deben tener la misma edad, peso y talla.

¿Juego tradicional?

En las galleras se conjugan la historia del dueño del animal, la de quien lo cría, la del juez y la del apostador. Y es alrededor de este tipo de anécdotas -entremezcladas en un ritual salvaje, a juicio de los defensores de animales- como el antropólogo David Gómez decidió plantear el debate sobre si son patrimonio festivo y cultural de Bogotá.

Para ello, se insertó en el mundo de las galleras durante cuatro meses. Visitó tres de las cerca de 360 que funcionan en la capital (entre legales e ilegales): el Club Gallístico Jalisco, el San Miguel y el Fontibón La Carrilera.

Contó con el apoyo del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural, al ganar una convocatoria que hizo la entidad en 2009 para entregar becas a jóvenes investigadores de 'identidades, expresiones culturales festivas y patrimonio'.

"Las peleas de gallos cumplen con varios requisitos para que sean reconocidas como patrimonio -dice el antropólogo- a pesar de que ciertas aves mueran". Esta muerte es vista para los galleros como un sacrificio.

"A raíz de la convocatoria, nunca imaginé que la cultura de las peleas de gallos tuviera tal importancia en la ciudad -recuerda Gabriel Pardo, director del Instituto-. Cuando David me presentó el proyecto, me acordé de la participación política en la gallera de San Miguel".

Para el funcionario, las peleas de gallos pueden catalogarse como bienes de interés cultural desde el patrimonio intangible.

Fabián Sanabria, decano de la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional, opina que el hecho de que haya grupos humanos que participen en prácticas socioculturales, como en este caso, no necesariamente son un capital cultural. Habría que demostrar la tradición de éstas.
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Detrás de los gallos

El azar, el honor, el estatus; todos se juegan en una noche. Eduardo González, juez con 12 años de arbitraje, es testigo de ello. En una jornada concurrida puede haber de 5 a 6 peleas por hora y en una noche movida, se recogen hasta 40 millones de pesos en apuestas. Trabaja en tres galleras pero en una sola se puede hacer casi un millón de pesos. "Me gustan los gallos", cuenta, mientras limpia con agua al animal que, en contados minutos, se jugará su propia vida.

Jhony Vásquez apuesta desde hace 35 años por diversión. El monto que gasta depende del aguante de su bolsillo. Javier Rodríguez, por su parte, asiste a las galleras desde los 6 años. "Los gallitos nacieron para pelear", expresa.

Miguel heredó de su abuelo la pasión por los gallos. Tiene 15 y se ufana de que son los mejores. Ómar, en cambio, se dedicó a cuidarlos desde hace 35 años. Les saca físico, los pone bonitos y le trabaja al flete al dueño de las aves (le cobra un porcentaje en el momento de la pelea). "Un gallo bien levantado sale en 45 días para la pelea", indica. Los recibe de 8 ó 9 meses de edad. Los peluquea y les quita la cresta. Pasados 15 días, comienza a entrenarlos.

El reloj marca 12 minutos. Han transcurrido más de 10 peleas. Siguen las apuestas.

Esta actividad no es reciente

El origen de las peleas de gallos se ubica en el continente asiático. Incluso, en vasijas griegas que datan del año 580 a.c. Se han encontrado representaciones de peleas de gallos. Durante la Edad Media, éstas se difundieron por Europa y se hicieron populares en ese continente. Luego, pasaron a América, en el momento de la Conquista.

Sobre éstas, existen referencias de cronistas del siglo XVIII que las describen.

Las primeras galleras funcionaron en el centro de Bogotá y la más antigua data de 1815.

En el siglo XIX, en la sabana de Bogotá, las peleas de gallos eran unas de las pocas entretenciones posibles y en ellas participaban tanto las élites como las clases populares.

Poco a poco, este tipo de juegos comenzó a ser exclusivo de ellas, aunque en ciertas galleras de la ciudad es posible ver a ejecutivos apostando. Hoy en día, la gente que apuesta en las galleras es casi siempre la misma.

"Hay visiones irreconciliables acerca de hasta dónde se legitima la violencia a través de la cultura, como en el caso de las peleas de gallos". El debate sobre si es o no patrimonio seguirá vigente.

Vocabulario de las galleras

Calzar el gallo: Ponerle la espuela al animal.

Gabela: Una persona apuesta por un gallo favorito o que va ganando la pelea y compensa esta ventaja ofreciendo una apuesta de mayor utilidad.

Perramenta: Pequeños apostadores o apostadores que juegan sólo por dinero.

Patapioja: Horma de metal (generalmente acero o bronce) que se pega con cera a la pata del gallo, sobre el muñón de la espuela natural.

Tiro de pechuga o pulmón: Un espuelazo en el pecho del animal, generalmente mortal.


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ANDREA LINARES G.
REDACTORA DE EL TIEMPO

Fuente. http://www.eltiempo.com/
Última actualización el Martes, 26 de Abril de 2011 16:40